Por qué va a subir la luz este otoño: gas al doble, reservas al 60% y Ormuz en tensión

Torres de alta tensión y líneas eléctricas, símbolo de la subida del precio de la luz este otoño
El gas se ha duplicado desde febrero, las reservas europeas están al 60% (frente al 90% recomendado) y la tensión en el Estrecho de Ormuz aprieta más. La factura de septiembre y octubre se está decidiendo ahora, no cuando llegue el frío.

El aire acondicionado ya no es el problema. Lo que va a encarecer tu factura de la luz este otoño se decide a miles de kilómetros de tu casa, en un estrecho marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho entre Irán y Omán por el que pasa una quinta parte del gas natural licuado que consume el planeta. Suena lejano. No lo es: cuando ese grifo se aprieta, el precio que pagas en tu recibo empieza a moverse antes de que tú lo notes en el termostato.

El recibo de agosto ya dejó el aviso. Según los datos manejados en el programa La Tarde de COPE, la factura media superó los 100 euros, un 18% más que hace un año, y se colocó como el mes de agosto más caro desde la crisis energética de 2022. Y lo llamativo es que las placas solares cubrieron más de la mitad de la demanda durante buena parte del mes. Ojo con esto: ni siquiera un verano con máxima generación fotovoltaica ha bastado para frenar la subida, porque el precio no lo pone la energía barata, lo pone la más cara que hace falta encender para cubrir los picos.

El mecanismo que nadie te explica en la factura

España fija el precio de la electricidad con un sistema marginalista: todas las centrales cobran lo que cuesta la última tecnología que entra a cubrir la demanda, casi siempre una central de gas de ciclo combinado. Da igual que el 70% de lo que consumes ese día venga de fuentes renovables casi gratuitas; si en la hora punta hace falta quemar gas para no dejar a nadie sin suministro, ese gas marca el precio de todo el bloque horario. La trampa está ahí: cuanta más demanda hay y menos margen de maniobra tiene el sistema, más pesa el gas en la factura final, aunque sea un porcentaje pequeño de la generación total.

Y el gas, esta vez, no ayuda. El precio de referencia en el mercado europeo (el TTF holandés) se ha duplicado desde febrero de 2026 y ronda máximos de los últimos dos años y medio. Antonio Aceituno, de la consultora TEMPOS Energía, lo resume sin rodeos: la configuración marginalista hace que ese encarecimiento se traslade directamente al recibo, revisión tras revisión, sin que el consumidor pueda hacer nada distinto a lo de siempre.

Reservas al 60% y el nudo de Ormuz

Aquí está la parte que sí es nueva respecto a lo que ha ido pasando durante el verano. Europa afronta el otoño con las reservas de gas al 60% de su capacidad, muy lejos del 90% que se recomienda tener llenas antes de que arranque la temporada de frío. Eso obliga a competir por cargamentos de gas natural licuado con Asia, que también está reponiendo inventarios, y esa competencia empuja los precios al alza justo cuando Europa más los necesita bajos.

A eso se suma la tensión en el Estrecho de Ormuz, el paso por el que circula en torno al 20% del petróleo y otro 20% del gas natural licuado que se mueve en el mundo. No hace falta un cierre total para que el mercado reaccione: basta con que suba la percepción de riesgo para que el precio del gas incorpore una prima extra, y esa prima llega a tu factura sin pasar por ningún filtro. No es la primera vez que se pone sobre la mesa este escenario: ya en marzo, cuando la tensión en la zona vivió un primer pico este año, la comparadora Kelisto calculó, con estimaciones de la consultora ICIS, que un cierre de dos semanas podría llevar el gas TTF hasta los 90 euros/MWh y encarecer hasta un 50% el término de energía del PVPC. No es un escenario garantizado para este otoño, pero marca el techo de lo que el mercado ya ha demostrado que es capaz de mover.

Las reservas de gas están 30 puntos por debajo de lo recomendado y el sistema sigue dependiendo del combustible más caro: la factura de otoño se está cocinando ahora, no en noviembre.

Traducido a euros: qué podría significar en tu recibo

Aquí conviene ser precisos y no lanzar cifras al aire. Nadie puede decirte hoy cuánto pagarás exactamente en octubre, porque depende de tu consumo, tu potencia contratada y de cómo evolucionen estas próximas semanas. Pero sí se puede razonar con lo que ya sabemos: si el recibo medio de agosto rondó los 100-101 euros con un 18% de subida interanual, y el gas que marca el precio mayorista se ha duplicado desde febrero, un hogar en PVPC que no cambie ningún hábito de consumo debería contar con que su recibo de septiembre y octubre se mueva por encima de esa cifra, no por debajo, salvo que el mecanismo de rebaja fiscal se active o que la tensión en Ormuz se relaje antes de lo previsto. Es una horquilla, no una promesa: la diferencia entre un otoño moderado y uno duro se decide en las próximas semanas, con el ritmo de reposición de las reservas europeas.

Quien tiene tarifa fija respira algo más tranquilo a corto plazo: el precio no se mueve con el mercado diario. Pero eso no significa que esté a salvo. La comercializadora traslada la subida en el momento de renovar el contrato, así que si tu permanencia acaba entre septiembre y diciembre, es muy probable que la nueva oferta que te propongan ya incorpore este encarecimiento. Merece la pena mirar ahora mismo cuándo termina tu contrato y comparar antes de firmar la renovación casi por inercia.

El único freno fiscal que existe, y por qué no es automático del todo

Hay un mecanismo que podría suavizar el golpe, pero se queda corto en publicidad porque nadie lo explica bien. Las rebajas fiscales que se aplicaron durante la crisis de 2022 y 2023 ya no están activas por decisión política: el IVA de la luz volvió al 21% y el impuesto especial sobre la electricidad al 5,11%, como ya contamos cuando el IVA se mantuvo al 21% en agosto pese a las peticiones de rebajarlo. Pero el Real Decreto-ley que reguló esa vuelta a la normalidad dejó una puerta trasera: si el IPC de la electricidad de junio y/o julio sube más de un 15% interanual respecto al mismo periodo de 2025, la rebaja al 10% de IVA y al 0,5% del impuesto eléctrico se reactiva de forma automática durante agosto y septiembre, sin que el consumidor tenga que solicitar nada.

La condición no se cumplió para agosto, así que la factura del mes se emitió con el 21%. La pregunta que queda abierta es si el IPC de julio, cuando se confirme con los datos oficiales, sí supera ese umbral y activa el alivio para septiembre. Y aquí está la letra pequeña que casi nadie destaca: aunque se active, el descuento solo llega a los hogares con tarifa regulada y a los beneficiarios del bono social. Quien tiene una tarifa fija con una comercializadora privada no verá ese respiro en su recibo, por mucho que el IPC dispare la alarma.

¿Es esto 2022 otra vez? No exactamente

La comparación con la crisis de 2022 es inevitable porque agosto ya rozó ese nivel de precios, pero conviene matizarla para no caer en el alarmismo fácil. En 2022 el problema era estructural: Europa había perdido de golpe el gas ruso por gasoducto y tuvo que reconstruir toda su cadena de suministro casi de cero, con el TTF llegando a superar los 300 euros/MWh en los peores momentos. Ahora el punto de partida es distinto: el continente lleva años diversificando proveedores y aumentando la capacidad de regasificación, y el peso de la generación renovable en España es muy superior al de entonces. Lo que sí se repite es el patrón de fondo: cuando las reservas bajan y aparece un foco de tensión geopolítica en una ruta clave, el mercado reacciona rápido y de forma desproporcionada al riesgo real, no solo al riesgo confirmado. Eso significa que un otoño duro es posible, pero no es, a día de hoy, tan probable como lo fue aquel invierno. La diferencia entre un escenario y otro se juega en si Europa logra recomponer sus reservas antes de que llegue el frío de verdad.

Qué puedes hacer ya, antes de que llegue la revisión

No hay ninguna fórmula mágica que anule una subida que depende de factores geopolíticos, pero sí hay margen para no llevarte el golpe completo:

  • Revisa si estás en PVPC o en tarifa fija, y en qué fecha termina tu permanencia si es fija. Si vence entre septiembre y diciembre, empieza a comparar ofertas ya, antes de que la subida esté totalmente incorporada a las nuevas propuestas.
  • Si tienes flexibilidad horaria, concentra los consumos que puedas mover (lavadora, secadora, carga de vehículo eléctrico) en las horas valle, que siguen siendo sensiblemente más baratas incluso en un escenario de precios altos.
  • Comprueba si cumples los requisitos del bono social: los descuentos reforzados (42,5% para hogares vulnerables y 57,5% para vulnerables severos) siguen en vigor durante todo 2026 y son los que mejor amortiguan una subida de esta magnitud.
  • Si vas a cambiar de compañía, recuerda que la ley obliga a completar el cambio en un máximo de 10 días y limita lo que te pueden cobrar por hacerlo, así que no hay excusa para quedarse en una tarifa que ya no compensa por pura pereza.
  • Antes de firmar una tarifa plana pensando que te blinda del todo, conviene entender cuándo compensa realmente y cuándo es una trampa: en un escenario de precios al alza puede salir a cuenta, pero solo si el precio pactado es realista.

Lo que ya vimos en la subida de julio, que ya anticipaba parte de este movimiento, era el aviso. Lo de ahora es la confirmación: el otoño de 2026 no va a ser el respiro que suele ser cuando bajan las temperaturas y se apaga el aire acondicionado. La próxima semana, con la confirmación del IPC de la electricidad y el ritmo al que Europa consiga rellenar sus reservas de gas, se sabrá si el golpe es moderado o si el recibo de octubre y noviembre se acerca a los niveles que vimos en la crisis de 2022. Vigilar la fecha de renovación de tu contrato ahora vale más que lamentarse por la factura dentro de dos meses.

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