IVA de la luz al 21% en agosto: por qué el INE frustra la rebaja al 10%

Hace dos semanas, en este mismo sitio explicábamos que la factura de agosto se jugaba a una carta: si el IPC de la electricidad se disparaba lo suficiente en julio, el IVA volvía de golpe al 10% y el Impuesto Especial caía casi a cero. Sonaba a lotería fiscal, y en parte lo era. Ya ha salido el número. Y no, no ha tocado.
El Instituto Nacional de Estadística publicó el pasado 13 de agosto los datos definitivos del IPC de julio. La inflación general se situó en el 3,6%, cuatro décimas por encima de junio y la tasa más alta en dos años. Vivienda —el grupo que incluye la electricidad— subió al 5,7% interanual, un punto más que el mes anterior, arrastrada precisamente por el encarecimiento de la luz. Son cifras que suenan alarmantes en un titular de periódico. Comparadas con el 15% que exigía la cláusula de rescate fiscal, se quedan a menos de un tercio del camino.
La letra pequeña del respiro fiscal que no llegó
El mecanismo no era una promesa política, sino una cláusula técnica incluida en la normativa que subió el IVA de la luz al 21% el pasado junio. Preveía una especie de válvula de escape: si la inflación eléctrica de junio y/o julio superaba en más de 15 puntos la de esos mismos meses de 2025, el Gobierno quedaba obligado a reactivar automáticamente el tipo reducido del 10% durante agosto y septiembre, además de rebajar el Impuesto Especial sobre la Electricidad hasta el 0,5%.
La trampa está en el umbral. Un 15% interanual en electricidad es una barbaridad —solo se ha visto en España durante la crisis energética de 2021 y 2022, con los precios del gas disparados por la guerra en Ucrania—. Fijar el gatillo tan alto convertía la cláusula, de partida, en una posibilidad remota más que en un mecanismo pensado para activarse con frecuencia.
Lo que dice el INE, sin adornos
Varias fuentes económicas que siguieron el dato en detalle sitúan la subida interanual específica de la electricidad en torno al 8%-9% en julio, muy lejos del 15% que exigía la ley. El propio INE atribuye a la electricidad buena parte del tirón de Vivienda, tanto en la tasa mensual (que subió un 1,6%, con la luz como principal responsable) como en la anual. Sube, y sube con fuerza. Pero no lo suficiente para activar el mecanismo automático.
Ojo con esto: no hace falta rebuscar en notas técnicas para entenderlo. El propio comunicado oficial del INE, fechado el 13 de agosto, habla de un IPC general del 3,6% y una inflación subyacente del 3,0%. Ninguna de las dos cifras se acerca remotamente al 15%. Y como la cláusula exigía superar ese umbral en la electricidad —no en el índice general—, incluso dando por buenas las estimaciones más altas del sector sobre el componente eléctrico, el resultado no cambia.
Por qué el IVA de la luz lleva cinco años dando bandazos
Para entender por qué existe una cláusula tan enrevesada hay que mirar un poco atrás. El IVA de la electricidad estuvo en el 21% hasta 2021, cuando el Gobierno lo bajó al 10% para frenar el impacto de la primera gran crisis de precios energéticos. Con la invasión de Ucrania en 2022, la rebaja se hizo aún más agresiva: IVA al 5% durante buena parte de 2022, 2023 y 2024, con un Impuesto Especial casi anulado. A medida que los precios mayoristas se fueron normalizando, esas rebajas se retiraron por fases: primero el salto del 5% al 10%, después la vuelta al 21% en junio de este año. La cláusula del 15% que ahora ha fallado era, en el fondo, un intento de dejar una puerta trasera abierta por si el mercado volvía a dispararse como en 2022, sin tener que aprobar un nuevo decreto de urgencia cada vez. El problema es que fijó el listón tan alto que, salvo una crisis energética de libro, difícilmente se va a activar en un verano de inflación moderada como este.
Un matiz que casi nadie menciona: el dato varía por comunidades
El propio INE desglosa el IPC general por comunidades autónomas, y ahí aparece un matiz que rara vez se cuenta. Cantabria cerró julio con la tasa anual más alta del país, un 4,3%, mientras que Extremadura fue la que menos subió, un 3,0%. La diferencia entre unas regiones y otras no llega a alterar el resultado nacional —ninguna comunidad se acerca al 15% que exigía la cláusula—, pero sí explica por qué algunos usuarios, sobre todo en el norte, notan la subida de precios con más intensidad que la media que aparece en los titulares. La cláusula del IVA, en cualquier caso, se calcula con el dato nacional, no con el autonómico, así que ni siquiera en Cantabria habría bastado para activar la rebaja.
Cuánto dinero se queda esta vez el Estado
Aquí es donde el dato dejaría de ser abstracto para el bolsillo. Con una factura media de entre 80 y 90 euros al mes —la horquilla habitual para un hogar de dos o tres personas según distintas comparativas del sector—, la diferencia entre pagar el 21% y el 10% de IVA no es simbólica. Sobre una factura de 85 euros ya con el 21% incluido, la base sin impuesto ronda los 70 euros. Con un IVA del 10% en lugar del 21%, esa misma base se traduciría en una factura de unos 77 euros: unos 8 euros menos al mes, cerca de 15-16 euros entre agosto y septiembre para un hogar con consumo medio.
No es una cifra que cambie la vida de nadie por sí sola. Pero multiplicada por los más de 18 millones de hogares que hay en España, el respiro fiscal que no llegó representa varios cientos de millones de euros que el Estado sigue recaudando y que, según la propia cláusula que el Gobierno aprobó, estaban condicionados a que la inflación eléctrica se disparase de verdad. No se disparó lo suficiente, así que no hay devolución ni rebaja.
Qué va a ver exactamente en su próxima factura
Nada cambia respecto a lo que ya paga desde junio. El IVA se mantiene al 21% y el Impuesto Especial sobre la Electricidad sigue en su tipo general, sin la rebaja al 0,5% que sí se aplicó durante buena parte de 2024 y 2025 en distintos periodos de crisis energética. Quien tenga contratada una tarifa indexada al mercado mayorista, además, sigue expuesto a la volatilidad de precios que ya se notó en julio —con subidas del precio mayorista impulsadas en parte por la tensión en Oriente Medio, como ya contamos al analizar por qué subía la luz en julio—.
La combinación no es agradable: más consumo por el calor, precio mayorista inestable y ningún alivio fiscal a la vista. Para quien tenga el aire acondicionado funcionando buena parte del día, agosto va a notarse en la cuenta bancaria más que julio, no menos.
¿Puede volver más adelante la rebaja?
Técnicamente, sí, pero no de forma automática hasta el próximo ciclo de revisión. La cláusula de salvaguarda solo se evalúa con los datos de junio y julio para decidir sobre agosto y septiembre; no hay una segunda oportunidad con los datos de agosto para decidir sobre octubre. A partir de ahí, cualquier rebaja del IVA dependería de una decisión política expresa del Gobierno, como ya ocurrió en 2023 y 2024, y no de un mecanismo que se dispara solo.
Conviene no confundir esto con una previsión de precios. Que el IVA no baje no significa que el precio del mercado mayorista vaya a mantenerse estable el resto del verano: son dos variables distintas que se suman, no se compensan entre sí.
Qué puede hacer mientras tanto
Sin una rebaja fiscal a la vista, la única palanca que le queda a un hogar para no notar tanto el golpe es actuar sobre el consumo o sobre el contrato. Revisar si la potencia contratada se ajusta a lo que realmente necesita es el primer paso, y el más ignorado: pagar de más por una potencia que nunca se usa es un error habitual que no tiene nada que ver con la inflación ni con el IVA, y que cualquiera puede corregir llamando a su comercializadora.
El segundo paso es comparar si compensa una tarifa distinta a la que tiene ahora mismo. Recuerde que la ley obliga a resolver un cambio de compañía en un máximo de diez días hábiles y limita lo que le pueden cobrar por ello, así que el argumento de "es muy complicado cambiarse" ya no se sostiene tanto como hace unos años. El tercero es, sencillamente, vigilar las horas de mayor consumo: quien pueda mover el uso de electrodomésticos grandes fuera de las horas punta va a notar más diferencia en la factura que la que habría supuesto la rebaja del IVA que finalmente no ha llegado.
Ninguna de estas medidas depende de decretos ni de datos del INE. Eso es, precisamente, lo que las hace más fiables que esperar sentado a que la próxima cláusula fiscal se active.

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