Aerotermia o gas natural: cuánto ahorras de verdad cambiando la calefacción

Un instalador te va a decir que la aerotermia "se paga sola en tres años". Un vecino que la puso el invierno pasado te va a decir que su factura de la luz se ha disparado y que no sabe si ha compensado. Los dos pueden tener razón, porque hablan de casas distintas, y ahí está el problema de casi todo lo que se lee sobre este tema: falta el número concreto para tu caso, no el genérico de un folleto comercial.
Con el precio del gas subiendo con fuerza en 2026 y el PVPC de hoy en 0,14153 €/kWh, muchos hogares se están planteando este cambio antes de que empiece el frío de verdad. Vamos a hacer la cuenta sin maquillar el lado eléctrico, que es el que casi nadie enseña con detalle.
Por qué sube la luz al meter aerotermia en casa
Una bomba de calor no genera calor quemando combustible: lo extrae del aire exterior y lo concentra usando electricidad, igual que un frigorífico pero al revés. La clave está en el SCOP (coeficiente de rendimiento estacional), que en equipos actuales bien dimensionados ronda 3,5-4. Eso significa que por cada kWh eléctrico que consume, entrega entre 3,5 y 4 kWh de calor a la vivienda.
Suena a magia, pero el efecto sobre la factura de la luz es real y notable: sustituir una caldera de gas por aerotermia suele subir el consumo eléctrico anual entre 2.000 y 3.500 kWh en una vivienda de tamaño medio (calefacción más agua caliente). Eso, con el precio de hoy, son entre 280 y 500 euros más al año solo en electricidad, antes de restar lo que dejas de pagar de gas.
La cuenta que de verdad importa: lo que sube menos lo que baja
Aquí es donde se decide si compensa o no. El gas natural para uso doméstico se mueve, según tarifa y consumo, en una banda de 0,06 a 0,09 €/kWh de referencia (no fluctúa por horas como la luz, así que no hace falta perseguir un precio "de hoy" para este dato). Una caldera de condensación tiene un rendimiento del 90-95%, así que ese kWh de gas se convierte en menos calor útil del que parece a simple vista.
Haciendo el cruce con el rendimiento real de cada sistema, el coste por kWh de calor entregado sale aproximadamente así: 0,08-0,09 € con gas natural y 0,04-0,06 € con aerotermia al precio medio de la luz. La diferencia de casi la mitad es lo que explica que, pese a subir el recibo eléctrico, el balance total suela salir a favor de la bomba de calor en la mayoría de viviendas bien aisladas.
| Vivienda tipo | Coste anual con gas | Coste anual con aerotermia | Ahorro anual |
|---|---|---|---|
| Piso 80 m² (zona templada) | 620 € | 430 € | 190 € |
| Piso 100 m² (zona fría) | 820 € | 580 € | 240 € |
| Chalet 150 m² con aislamiento medio | 1.350 € | 870 € | 480 € |
| Chalet 150 m² mal aislado | 1.600 € | 1.380 € | 220 € |
Fíjate en la última fila: en una casa con mal aislamiento el ahorro se hunde, porque la bomba de calor tiene que trabajar más horas y a más potencia para compensar las pérdidas, y ahí el SCOP real cae por debajo del que anuncia el fabricante. Antes de cambiar de sistema, revisar ventanas y aislamiento suele dar más rentabilidad por euro invertido que cambiar la caldera.
Las ayudas ya no son las de hace dos años
Ojo con esto, porque es donde más desactualizada está la información que circula: los fondos Next Generation del Real Decreto 477/2021, que durante 2022-2025 cubrían buena parte de la instalación, cerraron su convocatoria estatal para solicitudes individuales en junio de 2026. El apoyo económico ahora se canaliza sobre todo a través del Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 y de programas autonómicos, que varían mucho de una comunidad a otra.
Donde todavía hay ayuda directa del IDAE, la cuantía habitual ronda hasta 3.000 € por vivienda unifamiliar, y algunas comunidades (Madrid, Castilla y León, Illes Balears, entre otras) mantienen líneas propias con porcentajes de entre el 30% y el 65% del coste según la mejora de eficiencia conseguida. Antes de presupuestar la instalación, conviene consultar la convocatoria vigente en tu comunidad autónoma, no fiarse del folleto genérico de la instaladora.
Lo que ocupa y lo que hace ruido
La unidad exterior necesita un hueco de pared o terraza, algo que en pisos pequeños o comunidades con normativa estética puede complicar la instalación tanto como el propio coste. Los equipos actuales rondan los 35-45 dB a un metro de distancia, similar a un frigorífico, pero colocada pegada a la pared del dormitorio de un vecino puede generar quejas de comunidad que conviene anticipar antes de instalar, no después. El mantenimiento anual (revisión de gas refrigerante, filtros) añade entre 80 y 150 euros al año, un gasto que la caldera de gas también tiene pero que rara vez se compara en las mismas condiciones.
Cuándo no compensa cambiar
No todo son ventajas. Hay tres escenarios donde el cambio se queda corto:
Si tu caldera de gas es reciente y de condensación, y la vivienda está bien aislada, el ahorro anual puede no llegar a compensar en un plazo razonable la inversión de la instalación (entre 6.000 y 12.000 € sin ayudas). Si tienes tarifa de gas muy ventajosa por permanencia o pack dual, la diferencia de precio por kWh se estrecha. Y si tu potencia contratada de luz está ajustada al límite, meter una bomba de calor con arranques de varios kW puede obligarte a subir la potencia contratada en vez de bajarla, lo que añade coste fijo mensual que hay que sumar a la cuenta.
Lo que no suele contar el instalador
El consumo eléctrico extra no se reparte igual todo el año: se concentra en los meses fríos, justo cuando el precio de la luz tiende a subir por la mayor demanda de gas para generación. Eso quiere decir que la factura de electricidad de diciembre-febrero puede duplicarse frente a la de octubre, aunque el promedio anual salga favorable. Si tu presupuesto mensual es ajustado, ese pico estacional pesa más de lo que sugiere la media.
También compensa mirar el consumo de otros aparatos de la casa antes de decidir: si ya tienes un radiador eléctrico de apoyo o pensabas instalar uno, la aerotermia lo hace innecesario en la mayoría de estancias, y ese ahorro adicional rara vez entra en los cálculos que hacen las instaladoras.
Aerotermia y solar: la combinación que cambia las cuentas
Donde el balance se dispara a favor es cuando la aerotermia se combina con placas solares: al ser un consumo eléctrico, puede alimentarse en buena parte con autoconsumo durante las horas de sol, algo que el gas nunca permitirá. Si ya tienes paneles instalados o te lo estás planteando, merece la pena revisar juntos ambos proyectos: la amortización de placas solares mejora cuando hay un consumo eléctrico grande y predecible como el de la calefacción que absorber durante el día.
Para quien no tiene gas ni aerotermia y solo quiere saber si le compensa más la tarifa regulada o el mercado libre mientras decide qué hacer con la calefacción, esta calculadora de ahorro PVPC vs mercado libre da una foto rápida del punto de partida.
¿Merece la pena el cambio? Si la vivienda está razonablemente aislada y hay margen en la potencia contratada, casi siempre sí, aunque el recibo de la luz suba de forma visible. Si el aislamiento es flojo o la instalación actual de gas es reciente, la cuenta se estrecha bastante más de lo que promete la publicidad del sector.

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